MÁS UN OCÉANO

A veces veo a mi papá —casi siempre cuando está sentado a la mesa familiar, o cuando está sumido en un pensamiento— y en sus ojos tranquilos veo un mensaje del futuro: «en parte así será, en parte así serás». Y concuerdo, el futuro todo lo mastica, lo digiere y lo convierte en una misma cosa. Tanto así que ante la muerte nadie se diferencia. Pero antes de ella, antes de la muerte, encuentro que se va «diciendo» el mismo mensaje, ejecutando la misma profecía. Y a la par que envejezco me veo amalgamándome, en las cosas más inefables, a ese ritmo común. No son las creencias, las posturas o las ideas las que cambian en mí. No es cuán parecido a mi Padre pueda llegar a ser, sino algo más profundo: es la sensación de, como él en esos momentos de sosiego, estar vibrando cada vez más a la par de la Vida, en ondas «de largo alcance», ondas profundas que tienden a la recta, a infinito y que son cada vez más difíciles de alterar.

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