El guardián de lo inútil

Vacaciones (las primeras dieciséis): después de haber estado interminables semanas oreándome al amparo del sol, inexorablemente llega el día de volver y con él la tristeza por todo lo que no que no alcancé a hacer. Adiós a los Grandes Planes: hora de volver a casa. 

Ahora ya tengo treinta y tres años, y apenas distingo —¡vaya elipsis!— un día hábil de un feriado. Al parecer estamos de vacaciones de invierno. Me visitan mis sobrinos salteños, que sumados a los de acá podrían ocupar todo un jardín de infantes. La sensación respecto a los Grandes Planes más o menos, sigue siendo la misma. 

El guardián de lo inútil