ESCRITO EN EL AGUA

1. UNA MADRE ENOJADA.

En la génesis de esta historia hay una madre enojada: Gea, la «madre universal» que engendra el orden y engendra el caos con la misma devoción. Dicen que, ofendida por la violencia con que los dioses habían tratado a sus hijos —los Titanes— trae al mundo a Tifón: ser de cien cabezas de serpiente, que arroja fuego y consume todo lo que ve, ser que habla en simultáneo con las voces de todos los animales imaginables y cuya magnitud une oriente con occidente.

ESCRITO EN EL AGUA

Contar hasta Mil.

Me siento incómodo en las fiestas, perseguido. Lo que hago para apañar esa sensación es ponerme las manos en los bolsillos y observar. Si las sitcoms teatralizaron aún más nuestras relaciones sociales, jerarquizando a su modo qué decir y qué mostrar, las fiestas se convirtieron —para mí, ahora más que nunca— en escenarios dignos de observarse.

Contar hasta Mil.

El Despojo

el buey que tracciona al molino
animal doblemente condenado:
por un lado su fortuna de esclavo
y por otro, su circular destino.


En la infancia practicaba el despojo como una especie de reto. Me bastaba con poco más que estar en el jardín del fondo, en el que pasaba las horas, y disfrutaba de, por ejemplo, andar descalzo y desafiar el frío. Qué extraña y compleja certeza, la de creer que el despojo nos provee de algo. 

El Despojo

Yo era de los truenos

No sabría distinguir
las ventanas de los espejos.

de pequeño yo era de los truenos
las tormentas tronaban en mí

luego me adueñé de todo
y la vigilia fue mi ensueño

hoy, sólo hago correr la voz 
del rayo que atraviesa los cristales

El guardián de lo inútil

Vacaciones (las primeras dieciséis): después de haber estado interminables semanas oreándome al amparo del sol, inexorablemente llega el día de volver y con él la tristeza por todo lo que no que no alcancé a hacer. Adiós a los Grandes Planes: hora de volver a casa. 

Ahora ya tengo treinta y tres años, y apenas distingo —¡vaya elipsis!— un día hábil de un feriado. Al parecer estamos de vacaciones de invierno. Me visitan mis sobrinos salteños, que sumados a los de acá podrían ocupar todo un jardín de infantes. La sensación respecto a los Grandes Planes más o menos, sigue siendo la misma. 

El guardián de lo inútil

LIBROALFAJORES

Mil novecientos noventa y uno, verano e infancia. Me dedico a registrar en un pequeño cuaderno el comportamiento de Popi —mi perra— y a grabar en cassette el sonido de las tandas comerciales: en mis vacaciones no habrá televisión. Mi programa favorito promociona alfajores que vienen con minilibros. De a poco, voy armando mi primera biblioteca personal de «libroalfajores Fabulandia». Los leo sobre la alfombra azul de mi cuarto. Aprendo sobre animales y plantas.

Con el tiempo aprendo algunas cosas más. Por ejemplo, que los libros lo hacen a uno más triste. Es —me digo— un asunto de circularidad: a) la tristeza tiene el sabor del dolor recordado. b) El dolor es indicio y materia prima de todo lo que está vivo. Finalmente, c) La buena «literatura» es la que mejor captura la vida. El mundo a mi alcance, y desparramado sobre la alfombra azul de mi cuarto.

LIBROALFAJORES

CASA

A mí se me hace que la palabra «casa» tiene una esencia ancestral. Me remite a un mundo que comprendía de bien niño, o al mundo que habitamos como especie hace bastante más tiempo. Con certeza los cavernícolas no decían «caverna»: decían «casa».

Hace unos días vaciamos con Sarahí la casa en San Marcos, preparándonos para el viaje a Buenos Aires. Me acordaba de las veces que me había mudado. De la casa en provincia al departamento, por ejemplo, salimos en tiempo récord y con la alegría de botar casi todo. La mudanza muestra cada vez que lo esencial es realmente poco. Y bastante arbitrario: un pañuelo del jardín de infantes con mi nombre bordado. Mi librito FABULANDIA. Alguna música. Algunos libros.

CASA

Álbum de Familia

De todos,
Soy el iluso.
El que abandonó 
donde todos batallan.

Y batalla donde todos abandonan.

Me dices que tú a mi edad
Eras la madurez del Hombre
Mientras yo me pienso siendo como tú
Y me digo que no señalo a nadie.

¿Por qué el mundo apuntará
a los que no disparan?

(Imagen del archivo familiar.)

DESDE UN CAFÉ

Observo el tristísimo tránsito de este día frío, y desprevenido muerdo la fruta del desayuno. Sin escalas, recuerdo ser niño y estar descalzo, sentado en la escalera de la sala, mientras mis papás hacen su sobremesa. Es verano y estamos de vacaciones. Con su cuchillo, mi papá me comparte, rodaja a rodaja, la misma fruta que hoy saboreo. La misma sensación. El mismo sabor.

DESDE UN CAFÉ

Barullo

Con el motivo del lanzamiento de mi primer álbum, en el que reuno 13 canciones de mi autoría, comparto mi manifiesto barullento Trece Razones para escuchar Barullo.

Barullo