Las últimas horas

Hoy entregamos el departamento. Comienza el lento pero seguro desvanecer antes de dejar este país, el hogar de mis últimos siete años. Los olores, los rostros. Los modos y los hedores. La comida. Los afectos. «Filosofar es aprender a morir» me digo, y la frase pide aceptar que todo se acaba: vivir con entereza la muerte de absolutamente todo. 

La entereza no excusa al dolor, sin embargo.

Las últimas horas

CASA

A mí se me hace que la palabra «casa» tiene una esencia ancestral. Me remite a un mundo que comprendía de bien niño, o al mundo que habitamos como especie hace bastante más tiempo. Con certeza los cavernícolas no decían «caverna»: decían «casa».

Hace unos días vaciamos con Sarahí la casa en San Marcos, preparándonos para el viaje a Buenos Aires. Me acordaba de las veces que me había mudado. De la casa en provincia al departamento, por ejemplo, salimos en tiempo récord y con la alegría de botar casi todo. La mudanza muestra cada vez que lo esencial es realmente poco. Y bastante arbitrario: un pañuelo del jardín de infantes con mi nombre bordado. Mi librito FABULANDIA. Alguna música. Algunos libros.

CASA

El envés del mundo.

El mundo arrulla como puede a sus niños caprichosos. El Centro de Quito, con sus casas coloniales y recovecos centenarios, es cura de mis males: en Buenos Aires no hay tal cosa. Paseo. Lo antiguo se impregna de su historia, pienso, tal como el cansancio en un cuerpo. Es un monstruo que va tragando y digiriéndolo todo hacia una única materia fecal cósmica. Oh, el hedor de Quito. El que lo pueda sentir, que lo sienta. Qué pena los cristianos hayan abandonado el latín. ¿Acaso no entienden que la fuerza de las palabras reside en la carga de su uso a través de los siglos? Basta observar el poder del sánscrito: uno canta sin siquiera saber qué se está diciendo, pero la mente ¡de viaje! Vivan los mantras y las viejas iglesias del Ecuador. Grave error, cristiandad, de haberte desentendido de tus misterios. Ahora eres sólo discurso, lo que yo, justamente, no quiero ser.

El envés del mundo.