TRAMA TXT

Contar hasta Mil.

Me siento bastante incómodo en las fiestas, un poco perseguido. Lo que hago para apañar esa sensación es ponerme las manos en los bolsillos y observar. Si las sitcoms teatralizaron aún más nuestras relaciones sociales, jerarquizando a su modo qué decir y qué mostrar, las fiestas se convirtieron —para mí, ahora más que nunca— en escenarios dignos de observarse.

Me pregunto para qué, y a veces por qué usamos nuestra inteligencia. Me gustan las situaciones estáticas, que se suspenden en el aire. Pienso en las pocas veces que las fiestas son para tomar y bailar, o las cenas son para comer. En las reuniones de animales. Aullar al momento preciso, hela allí la Belleza. Desconfío cada vez más de la inteligencia, y le reservo un espacio bien específico.

Pero no señalo a los oradores. Veo una sociedad que nos frustra, y a las mentes más brillantes resignadas al encierro. Pienso en las actividades a las que mis padres me sometían para cansarme, cuando era pequeño y viajábamos seis horas en auto, rumbo a la playa: «cuenta cuántos molinos encuentras al costado de la ruta». «Cuenta hasta mil».

Ilustración: Edmund Adler, «A hard Choice»