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Transformación

Escuchar música como una experiencia de transformación interior. Una experiencia de contacto entre «eso que vengo siendo» y lo que suena, con sus valores y carácter propios, con su promesa de mundo en particular (la música que me está interesando tiene, por lo general, estas cosas).

Si hay interés, hay entrega. Como cuando era niño y «jugaba a ser», me transformo en eso que creo escuchar. Absorbido por la música, por un momento me siento otro: me siento eso que escucho. Y si tengo suerte, al regresar alcanzo a «traerme algo».

Hay algo solemne y ritual en este encuentro, que me hace repensar todo lo que alguna vez pensé de la música y su escenificación. Componer música, me digo, puede ser una oportunidad de diseñar experiencias de lo Sagrado (o al menos, de «lo Inefable»: la música que hoy me gusta escuchar escapa a la palabra, que delimita toda experiencia a lo que pretendemos que sea, obviando lo que realmente «es»). Interpretar y escuchar música, agrego, tal vez no sean actividades jerárquicamente distintas, sino una asignación de responsabilidades: invocar la experiencia o ayudar a sostenerla.

Foto: Untitled (2003), de Tara Donovan