“Se oye hablar continuamente de la crisis de la novela moderna, pero de lo que se trata ante todo es de un cambio en el modo narrativo. Ya no es posible contar una historia en la cual los acontecimientos se desarrollan en un orden cronológico lineal. Esto se debe a que somos demasiado conscientes de todo lo que se cruza lateralmente en la lí­nea de la narración. Es decir, en lugar de ser conscientes de un punto que constituye una parte infinitesimal en una lí­nea recta, somos conscientes de este punto como una parte infinitesimal en un número infinito de lí­neas, como el centro de una intersección de lí­neas. Esta consecuencia e el resultado de tener en cuenta constantemente la simultaneidad y la extensión de los acontecimientos y de las posibilidades.

Son muchas las razones para ello: la gama de los medios de comunicación modernos; la escala del poder; el grado de responsabilidad polí­tica personal que debe asumirse con respecto a los acontecimientos acaecidos en el ámbito mundial; el hecho de que el mundo se ha vuelto indivisible;  la desigualdad del desarrollo económico en este mundo; y la escala de la explotación. Todo ello tiene su papel. La profecí­a hoy es más una proyección geográfica que histórica; no es el tiempo, sino el espacio el que nos oculta las consecuencias.”

John Berger
Sobre las propiedades del retrato fotográfico